Redes Sociales:

Teléfono: (+591) 346-3642

Padres superexigentes, una catástrofe emocional

Seguramente, todos podríamos coincidir en que existen conductas de los padres hacia sus hijos que por más bien intencionadas que fueran (si es que se pudieran medir las intenciones) su resultado es terrorífico en ellos. Y esto es así ya que logran con ellas, que sus hijos se autolimiten, se invaliden, etc.

A modo de ejemplo, podemos citar la tristemente común escena del padre que asiste a un partido de futbol con su hijo, y que pese al esfuerzo del chico, al finalizar el padre solo puede marcarle lo que hizo mal, lo que debería haber hecho o lo que tiene que mejorar.

Otra situación sumamente común, es aquella donde el padre observa el boletín de notas de su hijo poniendo el foco únicamente en las asignaturas cuya nota es baja o insuficiente, obviando las otras. Ejemplos como estos se observan a diario en el consultorio, pero es posible que cualquiera de ustedes probablemente hayan vivido múltiples de estas situaciones.

Este tipo de padres para los que nunca nada es suficiente, son aquellos que temen reconocerle a sus hijos aquellas cosas que puede hacer, ya que asumen erróneamente que de hacerlo, sus hijos dejarán de esforzarse. Lejos de alentarlos, les dejan desorientados e inmersos en un proceso mediante el cual lo único que pueden hacer para no equivocarse, es dejar de intentarlo. Lindo, ¿no?

En este punto encontramos uno de los nudos del asunto, y tiene que ver con lo que el padre toma como importante… ¿el proceso o el resultado?

Si el foco está puesto en esto último, ciertamente nos quedamos muy cortos, ya que todos sabemos que muchas veces el resultado no condice con aquellas habilidades puestas en juego durante el proceso. Y aún más, es en ese proceso de aprendizaje donde el chico aprende a seleccionar, pulir y a mejorar tales habilidades. Por este motivo, centrarnos en ese proceso de aprendizaje y no en el resultado, no solo es importante, sino que es lo único.

Y en todo caso, convengamos que usted como padre, apenas está intentando ser ese padre que desea ser. Se encuentra en ese proceso, ¿no?

Con respecto a esto, es de vital importancia que los padres sean sensibles y contingentes. Tome nota mi querido lector, sensible a los pequeños logros, a los esfuerzos, a cada intento. Y contingente para poder reforzar y validar tal proceso.

Usted me podría decir que lo que le propongo es sumamente difícil, y que requiere de un ejercicio de la paternidad minucioso y consciente, y sinceramente es cierto. Ser padre, no es nada fácil, pero ser un hijo de un padre que carece de sensibilidad para con sus necesidades, es mucho más difícil.

Por último, mis queridos amigos, citando la hermosa canción de Juan Manuel Serrat «a menudo nuestros hijos se nos parecen», y mientras usted pueda ser la mejor versión de usted mismo ejercitando la paternidad, a su hijo le ayudará a ser la mejor versión de sí mismo.

 

Fuente: Santiago Izzi, Licenciado en Psicología de la Universidad Nacional de Cordoba