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Cómo dañar la autoestima de tu hijo

Cuando hablamos de autoestima nos referimos al amor y percepción evaluativa que tenemos hacia nosotros mismos. Esta se construye desde la infancia, mayormente a partir de lo que nuestros padres nos transmiten no sólo con su descripción hacia nosotros, sino también con su ejemplo, al ver cómo se valoran y se describen a sí mismos.

 

La forma ideal de fomentar una sana autoestima en un niño es:

 

1) Ayudándole a que se conozca, no solo físicamente, sino psicológicamente. Esto podemos fomentarlo al describirle sus reacciones, características, estilos, gustos, dificultades, etc. Esto suena sencillo pero es elemental, ya que uno no puede amar a alguien a quien no conoce.

 

2) Una vez que el niño va teniendo de forma gradual más claridad de quién es por dentro y por fuera, lo siguiente sería aprender a aceptarse; no solo las características agradables, sino también las difíciles o problemáticas, ya que éstas también son sus características. Esto lo lograremos principalmente al mostrarles nuestra aceptación, al hacerlos sentir valorados, amados y reconocidos. Esto no implica que permitamos todo, ni que les dejemos de ayudar a entender y modificar algo en su forma de ser que les afecte, sino que aceptar que tiene esta característica, me permitirá como adulto ayudarle al niño a que él la acepte y entienda por qué esta forma de ser le puede afectar y de qué manera poder lidiar con ella.

 

3) Integrar las características, tanto agradables como desagradables. Esto lo podemos fomentar al reconocer las habilidades y características sobresalientes que tiene su hijo, ayudándole a la par a identificar cuáles actitudes o características le afectan a él y a los demás. Lo que le dará un sentido de integración será, principalmente, la capacidad que tenga el adulto de poder transmitirle al niño que es aceptado y amado por ser quien es, con todas sus características, y no sólo cuando muestra lo positivo.

 

Por lo tanto, algunas de las formas de dañar la autoestima de nuestros hijos sería:

 

-Ser incongruentes al decirle que los quieren, pero no demostrarlo con convivencia, con aceptación, con regalos, con cuidados, con asistir a sus eventos, etc.

-Subestimar su capacidad.

-Fomentarles una idea de que valen en función de su apariencia. Por ejemplo, sólo alagarlo cuando está arreglado.

-Burlarse de sus intentos y fracasos.

-Mostrarles un rechazo constante frente a sus características, sin que les ayudemos a modificarlas.

-Compararlo con otros

-Exigirles siempre más de lo que pueden o son capaces de hacer.

-Chantajearlos con dejarlos de amar si no obedecen.

-Humillarlos frente a otros.

-Agredirlos física y psicológicamente.

-Darles la responsabilidad de que tomen decisiones que les corresponden a los padres (como preguntarle si preferiría que sus padres se divorcien) ya que esto los deja desprovistos del cuidado y protección de los padres y esto los puede hacer sentir inseguros.

-Hablar mal de ti mismo o del cónyuge. Así como de los adultos que lo cuidan.

-Fomentando una autoestima exagerada que fomente que el niño piense que es “el mejor” o “la mejor” SIEMPRE, ya que esto infla la autoestima de tal forma que: a) dejan de ver sus defectos y esto les impide trabajar en ellos, b) les afecta en la relación empática con los demás, c) al convivir con otros adultos y niños, se pueden sentir confrontados al no sentirse siempre alagados o preferidos.

 

Dedica un momento a evaluar cómo intervienes en la autoestima de tu hijo, ¿lo ayudas a aceptarse aceptándolo tu primero? ¿le demuestras tu amor de forma congruente? ¿le pones el ejemplo de cómo tener una autoestima adecuada?

Tu participación en la vida de tu hijo es MUY importante. Recuerda que la voz de los padres en la infancia se vuelve una parte de la voz interna de los hijos en la adultez. Para cualquier duda o comentario, no dude en acudir a orientación.

Lic. Ana Beatriz Banda López

Psicoterapeuta de Psipre con especialidad en Niños y Adolescentes